Superando barreras en un país ajeno. Historias de venezolanos con discapacidad en Perú

Publicado originalmente en: https://www.servindi.org/actualidad-informe-especial/03/12/2020/superando-barreras-historias-de-venezolanos-con-discapacidad

Autoría: Arnol Piedra Sosaya

A pesar de que la discapacidad no los limitó viajar al Perú en busca de una nueva vida, los ciudadanos venezolanos con esta condición enfrentan una innegable situación de doble vulnerabilidad. Sin embargo, con optimismo no pierden la esperanza de vencer los obstáculos, en busca de mejores oportunidades.

Servindi, 3 de diciembre, 2020.-Desde una vivienda en San Juan de Lurigancho —en el noreste de Lima— María Brito, de 55 años y oriunda de Tunapuy (Estado de Sucre), relata su situación en una tierra ajena. “Como educadores brindamos reforzamiento de tareas, pero con el virus mis niños se fueron. Yo sufro del nervio ciático en la pierna derecha y mi esposo sufre de la columna y tampoco puede trabajar. Me siento desprotegida en este país”. Además de su problema físico, María presenta miopía, presbicia y astigmatismo, los cuales afectan su vista progresivamente, convirtiéndola en una persona con doble discapacidad (física y sensorial).

En un pasaje en Chorrillos —a 21 km al suroeste de donde vive María—, Vladimir Díaz, de 44 años, también enfrenta obstáculos para ganarse la vida. “Somos perseguidos por los fiscales municipales, quienes nos impiden trabajar en la calle. Sobrevivo gracias a mi esposa y mi hijo. Al menos aquí tengo acceso a las medicinas, que no son muy costosas”, manifiesta. Él vivía en la isla Margarita, una tierra de arena blanca y aguas turquesas, a la que nos invita a visitar cuando termine la crisis. Su vida en la isla era sosegada hasta que sufrió un derrame cerebral que le causó hemiparesia izquierda, por lo cual ahora presenta dificultad para mover todo el brazo izquierdo.

En una habitación en Rimac, cerca al río homónimo, se escucha la misma dificultad del acceso al empleo. “No cuento con trabajo ni nada parecido. Necesito ayuda. Solo tengo el carnet de discapacidad de mi país y no he podido obtener el de Perú por su costo. Deseo trabajar para poder ayudar a mis padres y a mi hijo que están en Venezuela”, expresa Álvaro Güere, de 33 años y oriundo de Barquisimeto, un joven que vive con los daños físicos provocados por un accidente automovilístico ocurrido en su ciudad natal. A él se le quebró la pierna izquierda, vive con una malla de contención abdominal dentro de su cuerpo y, lo más grave, perdió a su esposa.

María Brito nos cuenta las dificultades que tuvo en el Perú para conseguir trabajo y sobrevivir (Foto: Juan Guerrero).

En Carmen de la Legua, en un barrio cercano al aeropuerto, otra víctima de los accidentes de tránsito cuenta su historia. “Hace un año fui atropellada por un vehículo, el cual me partió el peroné y la tibia. Tengo siete clavos y dos platinos en la pierna izquierda. Hasta ahora el tobillo lo tengo muy inflamado cuando camino”, relata Yoselyn Sequera, de 33 años y natural de San Joaquín (Estado de Carabobo). A diferencia de las tres personas anteriores, ella adquirió su discapacidad en Perú a raíz de un accidente cuando se encontraba trabajando como vendedora ambulante. El policía que la atropelló —quien tenía la licencia de conducir vencida— quedó libre de ir a prisión.

Estos cuatro testimonios se cuentan desde cuatro puntos alejados dentro de Lima, la cual ha acogido a gran parte de los cerca de 900,000 migrantes venezolanos que ingresaron al Perú hasta antes de la pandemia del Covid-19, según estimaciones de la Embajada de Venezuela en Perú. De acuerdo con esta misma entidad, el 3.1% del total son personas con discapacidad (cerca de 27,900 personas). Sin embargo, conocer la cifra exacta sigue siendo una tarea titánica.

Los venezolanos con discapacidad —si bien tienen dificultades para conseguir empleo— coinciden en que en Perú es mucho más fácil conseguir alimentos y, sobre todo, medicinas. Precisamente, Vladimir Díaz —quien vive con su esposa, sus dos hijos y su suegra— adquirió su discapacidad motora a causa de la escasez de medicamentos en Venezuela. Él no pudo tratar su hipertensión crónica, sufriendo así un derrame cerebral que le paralizó gran parte del cuerpo y lo obligó a usar una muleta canadense de por vida. “Si me quedaba unos meses más allá, me moría”, asevera.

Por otro lado, María Brito nos habla de su vida apacible y cómoda en Tunapuy, junto a su esposo y a sus tres hijos, hasta que vieron cómo su país se iba en picada. “Ya no alcanzaba para vestirnos, alimentarnos y tener buena salud. Decidimos emigrar al Perú en busca de mejoras y empezamos sin nada, con una maleta mirando para ambos lados, buscando una mano amiga. Mi esposo y yo, siendo profesionales, no conseguimos trabajo. Nos pusimos a vender hamburguesas en la esquina para sobrevivir”.

Vladimir Diaz atribuye el origen de su discapacidad a la crisis en Venezuela y la escasez de medicamentos (Foto: Juan Guerrero).

El atender la difícil realidad de este grupo de venezolanos es una responsabilidad del Estado peruano, según Ruth Luque, coordinadora del Grupo de Movilidad Humana de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH). “Creemos que todos los migrantes y refugiados en nuestro país son sujetos de protección internacional y como tal el Estado debería garantizar la atención plena de sus derechos fundamentales, especialmente en las personas con discapacidad, quienes están sufriendo no solo limitación para acceder a una atención integral de salud, sino también discriminación y xenofobia”, explica.

Adicional a la dificultad para acceder a un empleo y a la ola de discriminación, los venezolanos con discapacidad han enfrentado otros obstáculos desde su llegada a esta tierra, siendo los principales la pandemia del Covid-19, la dificultad para regularizar su situación migratoria y la dificultad para acceder al Carnet del Conadis, un documento importante que los acredita como personas con discapacidad y les ayuda en su inclusión mediante diferentes beneficios.

Enfrentando la pandemia

El Estado de Emergencia —decretado por el Gobierno en marzo para enfrentar la pandemia de la Covid-19— marcó un punto de inflexión en la situación de los migrantes venezolanos. La cuarentena ocasionó que miles de ellos perdieran sus fuentes de ingreso o la posibilidad de trabajar en las calles. A esto se sumó la obligación de pagar alquileres mes tras mes y la dificultad para tratar su estado de salud.

“La situación por la pandemia fue muy fuerte. Gracias a Dios no me tocó ese virus. La prueba me resultó negativa. No pude trabajar ni salir debido a la cuarentena”, relata Álvaro Güere, quien laboraba en una fábrica en Punta Hermosa —en el extremo sur de Lima— hasta antes del Estado de Emergencia. Cuando la fábrica cerró, tuvo que mudarse a un cuarto en un pasaje en Rímac y desde entonces no ha podido conseguir empleo. Desde hace ocho meses sobrevive gracias al apoyo de su hermano Humberto, con quien comparte la habitación.

Vladimir Diaz atribuye el origen de su discapacidad a la crisis social y la escasez de medicamentos en Venezuela (Foto: Juan Guerrero).

Entretanto, María Brito, desde su llegada a Lima, no ha podido tratarse la vista por falta de recursos económicos, sintiendo que cada vez ve menos. Ella y su familia salieron libres de contraer el coronavirus, aunque fueron golpeados económicamente. “Nos quedamos entre cuatro paredes. Cumplimos a cabalidad las medidas sanitarias y de aislamiento. Gracias a Dios ninguno de nosotros contrajo el virus. Los tests nos salieron negativos. Si salimos de Venezuela vulnerables, ahora somos doblemente vulnerables”, expresa con preocupación.

Esta vulnerabilidad ante el Covid-19 es mayor en personas que sufren de hipertensión crónica, como Vladimir Diaz. “Respetamos todas las normas establecidas de prevención. Seguimos de pie luchando. No hemos tenido ningún síntoma y nos cuidamos al extremo porque soy vulnerable al ser hipertenso, y porque también vive mi suegra con nosotros. A pesar de que salía a la calle a vender, también me he cuidado”, sostiene.

Por otro lado, Yoselyn Sequera —quien vive junto a su esposo y su hijo de siete años— señala que pudo enfrentar la pandemia pese a su estado de salud y la imposibilidad de trabajar por el momento. “Gracias a Dios, salimos sanos de la cuarentena. Teníamos unos ahorros y también recibimos una ayuda por parte de las Naciones Unidas en Perú y unas comidas por parte de la Municipalidad, pese a que nos dijeron que la ayuda solo era para los peruanos”, comenta, mientras prepara un puré de plátanos como desayuno para su niño.

La situación dada por la pandemia también afectó los trámites de regulación migratoria de miles de venezolanos, quienes siguen a la espera de la emisión de su Carnet de Extranjería, cuyo tiempo de espera supera muchas veces los 60 días hábiles establecidos en teoría. Adicional a ello, esto también ocasiona que no puedan acceder al documento del Conadis, ya que el Carnet de Extranjería es un requisito necesario para los extranjeros que deseen acreditar su condición de discapacidad.

Yoselyn Sequera todavía tiene dolor en el tobillo izquierdo, debido a lo cual no puede trabajar como antes (Foto: Juan Guerrero).

Del mismo modo, la saturación de los hospitales debido a su prioridad hacia los casos de coronavirus ha impedido que los venezolanos con discapacidad puedan asistir para recibir la atención médica que requiere su condición o para obtener los informes médicos requeridos para obtener el Carnet del Conadis o el Carnet de Extranjería por la modalidad de vulnerabilidad.

Choque de realidades

Los venezolanos con discapacidad en Perú se enfrentan también a un contexto diferente al de su país de origen —con sus ventajas y desventajas— debido a las diferencias entre los marcos legales de ambos países en cuanto al tema de las políticas de inclusión en torno a la discapacidad.

“Sí hay notables diferencias. En el tema infraestructural acá son más respetuosos e inclusivos con las personas con discapacidad en cuanto a la demarcación de espacios, la adecuación y las leyes que protegen su movilidad. Sin embargo, solo se ve eso en los distritos no pobres. En torno a la política laboral, no hay inclusión a diferencia de Venezuela donde el Estado sí obliga a la contratación en muchos casos. Son dos contrastes que si los juntamos, tendríamos una sociedad más inclusiva”, afirma Daniel Tarazona, fundador de la ONG Mag-Thebay.

María Brito siente que cada vez menos. Por problemas de recursos, no ha podido tratar su vista en Perú. (Foto: Juan Guerrero)

Sin embargo, el Perú también estaría rezagado en el tema de la diversidad en la inclusión laboral. “A diferencia de Venezuela, he notado que aquí los sordos tienen una preferencia porque carecen de discapacidad física. Fui a varias empresas donde solicitaban personas con discapacidad, con mi Carnet del Conadis, y vi que el 100% de los que contrataron fueron sordos. Esperamos que todas las personas con discapacidad tengan los mismos derechos y todos tengamos acceso por igual al trabajo”, señala Vladimir Díaz, quien antes de emigrar era abogado de profesión.

En cuanto al tema educativo, Venezuela muestra menos rezago que Perú. “Existen en Venezuela, o existieron en su momento, escuelas para la atención de personas con discapacidad, en especial escuelas para sordos, así como terapias físicas gratuitas”, señala Tarazona. A eso se añade un mayor desarrollo de la inclusión hacia las personas sordas en la educación superior, ya que en Venezuela las universidades públicas cuentan con intérpretes de señas.

Por otro lado, para Martha Fernández, presidenta de la Asociación Protección Población Vulnerable (APPV), Perú presenta a nivel general un mayor cumplimiento que Venezuela de las normas de inclusión. “Aquí se cumplen muchas más normas hacia la discapacidad, el problema ha sido la parte migratoria, pero una vez que el venezolano con discapacidad se regulariza puede acceder al Carnet del Conadis y obtener muchos beneficios. Lo único que hay que lograr es esa regularidad que es tan complicada para todos y es la base de todos los problemas de los venezolanos”.

Vladimir Diaz todavía no ha podido conseguir un empleo formal pese a tener el Carnet del Conadis. Ese es su mayor deseo (Foto: Juan Guerrero).

La forma de ver la discapacidad también varía. Nancy Arellano, ministro consejero de la Embajada de Venezuela, sostiene que la discapacidad mental es vista de manera más amplia en su país y eso permite una mayor cobertura. “Hay algunas discapacidades que nosotros dentro de nuestra legislación contamos de manera más inclusiva. Diría que se contemplan los casos de discapacidad intelectual, para los temas de asperger y algunas enfermedades crónicas”.

Al margen del tema de los diferentes marcos legales, este choque de realidades se intensifica para los migrantes con discapacidad cuando se enfrentan al trato de los ciudadanos peruanos y sus comportamientos de discriminación y xenofobia.

“Particularmente yo no sentí xenofobia, pero mi esposa y mi hijo sí la han sufrido en el trabajo”, comenta Vladimir Diaz, mientras que María Brito relata que sufrieron discriminación y miradas de desprecio en los buses. “Sé de amistades que han sufrido fuerte xenofobia, abusos laborales y humillaciones en el trabajo”. María relata también una mala experiencia en la cual la despidieron de su puesto de supervisora en un colegio luego de dos semanas de contratarla, sin explicación alguna. Ella supone que fue por su nacionalidad.

Estos son los principales problemas que enfrentan los venezolanos con discapacidad en Perú. (Infografía: Daniela Moros).

“Sufrí discriminación solo dos veces, la mejor respuesta a esas personas es ignorarlas. Tú no tienes la culpa de tener una discapacidad. Si Dios así lo dispuso, su propósito tendrá”, comenta Álvaro Güere, quien aún así reconoce la amabilidad de la mayoría de peruanos y siente que en Perú se valora más a la persona con discapacidad que en Venezuela. Por otro lado, Yoselyn Sequera asegura no haber sufrido directamente este tipo de actos, pero es consciente de que colectivamente sí se está agrediendo a los venezolanos.

En busca de los dos carnets

El Carnet del Conadis —emitido por el Consejo Nacional para la Integración de la Persona con Discapacidad— es una importante ayuda para los venezolanos que presentan dicha condición, ya que les permite acceder a un empleo formal o a diferentes programas sociales, ya sean de salud, alimentación, o vivienda, contemplados en la Ley 29973 (Ley General de la Persona con Discapacidad).

Sin embargo, obtener este carnet es difícil para los ciudadanos venezolanos. En teoría solo se requiere un documento de identidad y un certificado de discapacidad, pero al venezolano se le complica porque tiene que presentar el Carnet de Extranjería, cuya obtención implica mucho tiempo y dinero. Poniéndolo en comparación, a un peruano le toma un mínimo de entre 7 y 10 días obtener el Carnet del Conadis sin costo alguno, mientras que a un venezolano le toma un mínimo de entre 102 y 120 días obtenerlo con un costo de 275 soles, cuya totalidad se va en los papeles y trámites requeridos para el Carnet de Extranjería.

De forma paralela, existe también la modalidad de obtener el Carnet de Extranjería por vulnerabilidad, la cual está dirigida a los extranjeros con discapacidad y grupos vulnerables contemplados en el Reglamento del Decreto Legislativo N° 1350 (Decreto Legislativo de Migraciones). Si bien quedan exonerados de los pagos y papeles requeridos en la modalidad ordinaria, deben presentar informes médicos especializados que sustenten su condición, los cuales pueden costar hasta cerca de 500 soles. Los informes emitidos en Venezuela no tienen validez.

Álvaro Güere vive con una malla de contención abdominal en su interior. A pesar de ello no se rinde en salir adelante en un país ajeno. (Foto: Juan Guerrero)

“Según el criterio de Migraciones, yo no opto por el Carnet de Extranjería por vulnerabilidad, porque eso solo aplica para personas que padecen enfermedades terminales, como cáncer, etc. Yo tuve que realizar todos los pagos correspondientes”, sostiene Vladimir Diaz, revelando la falsa promesa de esta modalidad que debería favorecer a todos los migrantes con discapacidad.

“Quienes dicen que por vulnerabilidad vas a tener tu Carnet de Extranjería están mintiendo. Es muy difícil. Prácticamente tienes que estar con el paciente casi muerto en Migraciones para que le puedan dar el carnet rápido mediante esa modalidad. Si eso sucede con los casos de emergencia, que será de aquellos que todavía tienen condiciones de vida”, afirma Daniel Tarazona de Mag-Thebay.

Para Martha Fernández de la Asociación Protección Población Vulnerable habría una razón pragmática para que Migraciones no considere a todos los migrantes con discapacidad como personas vulnerables. “Sí habían dos casos semanales en Migraciones al comienzo, luego pasaron a haber 200 casos diarios, lo cual puso en jaque mate a la comisión de Vulnerabilidad porque no había la capacidad de atención suficiente, entonces tuvieron que aplicar ciertos criterios, siendo el más predominante el de la situación de vida en riesgo de las personas”.

Lo señalado por Fernández se complementa con cifras brindadas por la Superintendencia Nacional de Migraciones, las cuales indican que solo el 0.5% (40 personas) de los venezolanos calificados como en situación de vulnerabilidad en los últimos dos años son personas con discapacidad. El resto (7351 personas) corresponde a otros grupos vulnerables contemplados en el Título X del Reglamento de Migraciones (niños, adultos mayores, desplazados, etc.). Esto dificulta al venezolano con discapacidad, quien debe competir —por decirlo así— con otros grupos vulnerables para la obtención del Carnet de Extranjería por vulnerabilidad.

El proceso de obtención del Carnet del Conadis es complicado para los venezolanos que no tienen Carnet de Extranjería. (Infografía: Daniela Moros).

Existe también un problema de desconocimiento y débil difusión sobre la modalidad de vulnerabilidad. María Brito, pese a su discapacidad visual y motora, consiguió su Carnet de Extranjería pagando todos los trámites de la modalidad ordinaria por falta de información. Sin embargo, irónicamente esta manera a veces resulta siendo mucho más barata y rápida que la creada exclusivamente para las personas con discapacidad o vulnerables.

irónicamente esta manera a veces resulta siendo mucho más barata y rápida que la creada exclusivamente para las personas con discapacidad o vulnerables.

“A veces sucede esto por desconocimiento o porque se tardan mucho mediante vulnerabilidad. Mayormente se opta por la modalidad ordinaria porque es más rápida. Lo que influye también son los costos del informe médico”, precisa Tarazona, quien además resalta que la pandemia ha dificultado la obtención de los informes médicos en los centros de salud públicos, siendo necesario acudir a clínicas privadas donde el costo es mucho mayor.

Para Álvaro Güere, conseguir el Carnet de Extranjería ha sido imposible. En Migraciones —sin mayores explicaciones— le dijeron que no aplicaba para la modalidad de vulnerabilidad. Actualmente él solo posee el Carnet de Solicitante de Refugio, mientras se evalúa su solicitud de refugio —la cual lleva más de un año en espera—, pero este documento no le permite acceder al Carnet del Conadis. Su carnet venezolano de discapacidad no le es de ayuda porque fue imposible apostillarlo.

Se observa que la mayoría de los que obtuvieron el Carnet del Conadis son hombres.

Entretanto, Yoselyn Sequera sí logró obtener su Carnet de Extranjería por la modalidad de vulnerabilidad, aunque con algunos obstáculos y esperando un total de seis meses. “Para dar ese certificado los médicos se enrollan bastante. Para darme el informe fue un problema y eso que hasta estuve hospitalizada 15 días. Por suerte un señor de Migraciones me ayudó con el seguimiento de mi solicitud de cambio de calidad migratoria”, indica. Yoselyn logró superar esa barrera y evitar los pagos de la modalidad ordinaria. Ahora ella va a intentar obtener el Carnet del Conadis.

Según datos brindados por el Conadis, solo 269 ciudadanos venezolanos lograron obtener el carnet de dicha entidad. Si hacemos un cálculo utilizando la cifra total brindada por la Embajada, determinamos que solo el 0.9% de los venezolanos con discapacidad en Perú pueden disfrutar de los beneficios establecidos por ley. Las problemáticas descritas anteriormente explican este mínimo porcentaje.

Si bien el acceso al Carnet del Conadis es una ayuda que mejoraría la situación de este grupo con doble vulnerabilidad, no constituye una panacea. «En realidad los únicos beneficios que logré fueron que me tomaran en cuenta las diferentes ONG que me ayudaron durante la cuarentena. Fuera de ello no he logrado los beneficios que esperaba, como que me tomaran en cuenta para un empleo formal. Espero que una vez terminada la pandemia pueda trabajar. Es mi mayor deseo”, confiesa Vladimir, el único de los cuatro entrevistados que logró obtener el tan ansiado carnet.

Propuestas y esperanzas

Las propuestas para atender a esta población vienen principalmente del lado ciudadano. Mag-Thebay ha levantado un censo de más de 300 venezolanos con discapacidad para trabajar proyectos con base a sus necesidades. “La mejor propuesta para este grupo de personas es su inclusión al mercado laboral. Más allá de apoyarles con una prótesis o con el tema médico, hay que darles las herramientas para que puedan construir sus propias capacidades”, explica Daniel Tarazona, cuya ONG apunta a ser la primera organización de discapacidad especializada en migrantes y refugiados.

La mayoría de los venezolanos que obtuvieron el Carnet del Conadis se encuentra en edad laboral.

En cuanto a la barrera de los trámites e informes médicos que necesitan los migrantes con discapacidad, Tarazona tiene una idea. “Lo que plantearía como solución es una mesa de diálogo con el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, Migraciones y las agencias internacionales para la atención de las personas con discapacidad, haciendo énfasis en que la atención médica sea garantizada. La idea es que haya un financiamiento para que estas personas puedan ir a un médico particular y obtener los papeles necesarios para acceder al Carnet de Extranjería por vulnerabilidad”.

La idea es que haya un financiamiento para que estas personas puedan ir a un médico particular y obtener los papeles necesarios para acceder al Carnet de Extranjería por vulnerabilidad.

Por otro lado, la Embajada de Venezuela también está tomando acciones para la atención de este grupo, buscando generar incidencia. “Han habido contactos con agencias de cooperación internacional, por ejemplo, USAID; las cooperaciones europea, alemana, y británica; y oenegés como Care Perú, Save the Children, y Cáritas del Perú. El trabajo ha sido siempre respetando los mandatos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM)”, señala la ministro consejero Nancy Arellano.

Además de las propuestas mencionadas, el Estado peruano acaba de crear recientemente el Carnet de Permiso Temporal de Permanencia (CPP), el cual busca regularizar a los venezolanos que tengan los documentos vencidos y mitigar hasta cierto punto el problema de su regularización migratoria. Mientras tanto, ninguna de las cuatro personas con discapacidad entrevistadas tiene planes de retorno a corto plazo. Sin embargo, anhelan regresar algún día a la tierra que los vio nacer, sin perder la esperanza de salir adelante en el país que los acogió.

“Quisiéramos regresar a nuestro país natal. No queríamos ser parte del problema sino de la solución, que nos tomaran en cuenta porque teníamos mucho que aportar ya que somos profesionales, pero no hay muchas oportunidades. Queremos volver cuando los dictadores se vayan y regrese la Venezuela de antes. Tenemos la esperanza de salir adelante y que nos vaya mejor”, se despide María Brito con un tono de perseverancia, mientras ordena los útiles escolares que usó para darle clases particulares a un niño. Porque esos 15 soles que le pagan también son de gran ayuda.

Yoselyn Sequera se considera una persona optimista pese a las adversidades. Anhela que Venezuela mejore (Foto: Juan Guerrero).

A pesar de su accidente y la injusticia de su caso, Yoselyn Sequera no pierde el optimismo. “Mi esperanza sería que Venezuela algún día mejore, pero como eso no va a pasar por ahora, los planes son echarle piernas aquí. Soy optimista porque creo en mí y en mi familia, y creo que podemos salir adelante”, expresa. Ella desea también que vuelva la estabilidad que tenían hace unos años en San Joaquín, en donde su esposo trabajaba para la compañía cervecera más importante de Venezuela, llegando a tener un auto propio y otros vehículos. Todo lo vendieron para venir al Perú.

“Me quedaré hasta que mi país se levante. Mi esperanza es tener un buen empleo para así ayudar a mis padres y mi hijo en Venezuela y que caiga el dictador que nos ha alejado de nuestros seres queridos. De algo estoy seguro, Dios no abandona y si él no permitió que yo muriera en ese accidente es porque tenía un propósito conmigo”, expresa Álvaro Güere, quien no pierde los ánimos y disfruta todavía de su afición por el fútbol, pese a que ya no puede practicarlo. Esos mismos ánimos lo impulsaron a venir al Perú a pie en un viaje de 46 días a pesar de los obstáculos de su discapacidad.

Entretanto, Vladimir Diaz reafirma su deseo de regresar a su añorada isla. «Mis planes son poder volver a mi tierra sin que esté el gobierno de Nicolás Maduro y poder seguir ejerciendo mi carrera de abogado junto a mi hijo. Mi esperanza es ver a mi mamá viva nuevamente”, expresa, mientras se levanta y se apoya en su muleta, despertando la admiración y el buen humor de su familia, e incluso olvidando su discapacidad motora.Apenas se logre sacar al gobierno actual sería capaz de volver caminando», finaliza.


* Arnol Piedra es periodista especializado en temas culturales y uno de los 10 becarios del proyecto Puentes de Comunicación.

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Esta publicación se ha realizado en el marco del proyecto Puentes de Comunicación, impulsado por Efecto Cocuyo y DW Akademie, y cuenta con el apoyo financiero del Ministerio Federal de Asuntos Exteriores de Alemania.